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EL DOPAJE HUNDE A LA MARCHISTA MEXICANA LUPITA GONZÁLEZ

La trayectoria de Lupita González se ha parado en seco. El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) ha ratificado la suspensión por cuatro años a la marchista mexicana por el consumo de una sustancia prohibida, trembolona, un esteroide anabólico que reduce grasa y aumenta la masa muscular. La sanción fue anunciada en mayo de 2019 por la Federación Internacional de Asociaciones de Atletismo (ahora World Athletics), sin embargo, la deportista apeló la decisión al alegar que había consumido carne contaminada. El duro castigo supone su forzado adiós a competir en los Juegos Olímpicos de Tokio y a dar un paso al retiro a sus 33 años. La mexicana González se sometió a un examen antidopaje el 16 de noviembre de 2018 y fue en ese momento cuando se detectó la sustancia prohibida. Un año después se anunció el positivo. “Todos los atletas son estrictamente responsables de la presencia de cualquier sustancia prohibida en su cuerpo”, aseguró el organismo internacional de atletismo. El abogado de la deportista, Andrés Charria, aseguró ante el TAS que su cliente había consumido carne contaminada a través de la ingesta de tacos en dos días de octubre de 2018. El veredicto del alto tribunal deportivo se aplazó cinco veces y este jueves ha determinado que la deportista no puede comprobar cómo entró esa sustancia en su cuerpo y tampoco demostrar que no tuvo intención. Lupita González sacudió México el 19 de agosto de 2016. La delegación mexicana de deportistas la pasaba mal sin cosechar medallas. González, una menuda chica que practicaba atletismo a manera de rehabilitación, logró colarse en el podio de los 20 kilómetros de marcha y consiguió una plata histórica en unos Juegos Olímpicos: ninguna mexicana había ganado en esa disciplina. Su nombre que rayaba en el anonimato se convirtió de pronto en uno de los más reconocidos y aclamados. Su carrera, de hecho, ya había despegado ese mismo año en el Mundial de Atletismo cuando terminó en el segundo lugar, pero una sanción por dopaje al primer lugar, la china Liu Hong, le dio el oro a la mexicana. Y un año más atrás, en 2015, ganó el oro en los Juegos Panamericanos. En el verano de 2017, Lupita González se colgó otra plata en el Mundial de Atletismo en Londres y un año después tocó el cielo al ganar el oro en el campeonato del mundo de marcha atlética. Nada podía detener a esta atleta que ilusionaba al deporte de su país al poder competir por los primeros puestos en los Juegos Olímpicos. Sorprendía, además, por destacar en medio de un clima de peleas políticas dentro de la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo y la Comisión Nacional de Deporte y Cultura Física (Conade). Era vista como una garantía de éxito rumbo a Tokio. Los éxitos de la marchista mexicana le hicieron merecer el apoyo de la Marina de su país. Las Fuerzas Armadas le ficharon para convertirla en una deportista de alto rendimiento. Los atletas como ella no son miembros activos de la milicia, sino que su obligación es superar las marcas y desempeño deportivo. Tras la confirmación de dopaje, ese apoyo está en riesgo. Lupita González aún no ha manifestado su postura con respecto al caso tras las reuniones que ha sostenido con las autoridades del deporte mexicanas. El epílogo de la carrera de González está manchado por el dopaje.

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